Yo hace años que me corto el pelo en Nova Imatge. Años, ¿eh? Soy más fiel a mi peluquero que a Netflix. Ni una infidelidad, ni una traición. Porque ahí no solo me cortan el pelo… ahí me dan caramelos. Y claro, yo entro a la peluquería como si fuera Halloween: “¿Qué tal? Vengo a por mi corte… y a por los Sugus.”
Ya me conocen. Se corta más rápido el bote de caramelos que mi propio flequillo. Y mientras me quede un pelo, aunque sea uno solo en mitad de la coronilla, ese pelo se lo corta él.